18.3.15

Crónicas: autoras y lectoras de la ciencia ficción

He aquí la segunda crónica de la semana pasada, que se complementa con la entrada del lunes sobre editar poesía.
Y he de decir que, al contrario que en la crónica anterior, a esta le pude sacar más de una pega... Y que a lo mejor trae algo de cola.

El cartel.
(Fuente: CSIC)

16.3.15

Crónicas: el valor de editar (poesía)

Esta semana tendréis dos entradas muy diferentes sobre un par de eventos a los que fui la semana pasada. Lo único que tienen en común es que ambos iban de literatura.
Y ya.
¿Qué hice en el primero? Ir a un evento sobre cómo editan poesía algunas editoriales independientes.

El cartel.
(Fuente)


7.3.15

LA NOCHE  

Poco sé de la noche
pero la noche parece saber de mí,
y más aún, me asiste como si me quisiera,
me cubre la conciencia con sus estrellas.

Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte.
Tal vez la noche es nada
y las conjeturas sobre ella nada
y los seres que la viven nada.
Tal vez las palabras sean lo único que existe
en el enorme vacío de los siglos
que nos arañan el alma con sus recuerdos.

Pero la noche ha de conocer la miseria
que bebe de nuestra sangre y de nuestras ideas.
Ella ha de arrojar odio a nuestras miradas
Sabiéndolas llenas de intereses, de desencuentros.

Pero sucede que oigo a la noche llorar en mis huesos.
Su lágrima inmensa delira
y grita que algo se fue para siempre.

Alguna vez volveremos a ser. 
Alejandra Pizarnik, Las aventuras perdidas (1958)

8 de marzo [de 1961]

Si pudiera tomar nota de mí misma todos los días sería una manera de no perderme, de enlazarme, porque es indudable que me huyo, no me escucho, me odio y si pudiera divorciarme de mí no lo dudaría y me iría. 
El más grande misterio de mi vida es éste: ¿por qué no me suicidio? En vano alegar mi pereza, mi miedo, mi olvido (se olvida de suicidarse). Tal vez por eso siento, de noche, cada noche, que me he olvidado de hacer algo, sin darme cuenta de qué. Cada noche me olvido de suicidarme. 
Y ahora es de día y cómo voy a matarme si tengo que ir a la oficina y pensar en tantas cosas que me son ajenas como si yo fuera un perro. Hablando de perros nadie más canina que yo en las reuniones sciales. Ayer por ejemplo en lo de F. Cuando se hablaba de América y de los orígenes y de tantas curiosidades metafísicas y antropológicas... Pero yo estaba ferozmente contenta pues me di cuenta [de] que tampoco ellos sabían nada y tal vez ahora sí se me va a ir mi hábito infantil de creer que los otros saben sobre la muerte y sobre tantas cosas que a mí sólo me dan terror y asombro. 
Me molesta la gente vieja e inhibida. Se tiene derecho a ser inhibido hasta cierta edad, pero tener miedo de mirar a los otros
PIZARNIK, Alejandra (2014): Diarios, Barcelona: Lumen.
/ Tal y como indica Ana Becciú, esto se escribió en un trozo de hoja suelta mecanografiada con correcciones a mano, pegado sobre otra hoja. (Curiosa manera de depurar un diario, ¿no?)
/ Sin embargo, os tengo que advertir que la edición de estos Diarios es incompleta, así como en la mayoría de la obra publicada en Lumen, tal y como advierte Patricia Venti en el segundo capítulo de su ensayo La escritura invisible (2008), llamado "Censura y traición". Y como avisa la propia autora, Becciú no establece unos criterios claros de selección ni de criterio filológico tanto en la Prosa completa (que no lo está), como en las Poesía completa (que no lo está) y en los Diarios (que tampoco, porque se han suprimido entradas referentes a terceras personas y entradas de carácter íntimo que no tenían porqué ser suprimidas).
/ Me ha parecido relevante este fragmento porque, al fin y al cabo, la autora tuvo inmensidad de problemas con su depresión y su cuadro psicológico, que al final la llevó a un tema que se comenta aquí de una manera clara y también angustiosa. Y de forma recurrente, también.
/ Este es el fragmento del Proyecto 8 de marzo sobre Alejandra Pizárnik, la poeta que escogí. Sabréis más de ella mañana, de eso estoy segura.